A veces el entusiasmo por crecer nos hace correr antes de gatear. En nuestra experiencia ayudando a empresarios en México, hemos visto que el error más común no es pedir dinero, sino pedirlo mal.
No tener orden en tus papeles: No necesitas ser contador, pero sí tener claro cuánto vendes y cuánto gastas. El orden da confianza.
Pedir dinero sin un plan: Llegar a pedir un crédito “para ver qué sale” es el primer paso al fracaso. Tienes que saber exactamente en qué vas a invertir cada peso.
Mezclar la caja del negocio con la cartera personal: Este es el pecado capital. Si usas el crédito del negocio para la fiesta de XV años de tu hija o para las vacaciones, estás matando a la gallina de los huevos de oro. El negocio es una persona y tú eres otra.
No leer las letras chiquitas: A veces nos fijamos solo en cuánto nos van a dar hoy, pero no en cuánto vamos a pagar cada mes. La “tasa” es importante, pero las comisiones y los seguros también cuentan.
Esperar a que el agua te llegue al cuello: Si pides dinero cuando ya no tienes ni para la nómina de mañana, el banco lo va a notar y te va a ver como un riesgo. El mejor momento para pedir crédito es cuando te está yendo bien y quieres ir por más.

